Actualidad Slider — 05 agosto 2014

Como todos los años, la llegada del verano trae consigo la ansiada jornada intensiva a la mayoría de los trabajos de oficina de nuestro país. Miles de personas, sobre todo en grandes ciudades como Madrid o Barcelona, cambian su rutina laboral y concentran su actividad en las horas de la mañana, adelantando su hora de entrada y por tanto, adelantando su hora de salida.

El calor o la bajada de volumen de actividad de negocio durante estos periodos, son los principales factores que incitan a este cambio de jornada, aunque otros factores secundarios como mejorar la motivación del empleado o reducir costes también afectan a la hora de tomar la decisión de adoptar esta medida.

Aunque la jornada intensiva no es un horario obligatorio que deba ofrecer una empresa, es una práctica bastante extendida en nuestro país. Su duración es variable y depende de la empresa y de su negocio. Por lo que, aún siendo lo más habitual tener jornada intensiva durante los dos meses de verano de Julio y Agosto, nos encontramos con empresas cuyos trabajadores disfrutan de jornada intensiva durante más de 4 meses al año o incluso empresas cuyos trabajadores disfrutan de jornada intensiva en periodos distintos a verano, como pueden ser Semana Santa, Navidad o incluso durante las fiestas de la localidad a la que pertenezca la empresa.

Esta medida está bastante bien vista desde los ojos del trabajador, que muchos casos le ayuda a conciliar mejor su vida social y familiar y más en unas épocas estivales donde los niños no tienen colegio. Y es que una jornada laboral que sea de 8:00 am hasta las 16:00 es el horario ideal que desearía la mayoría de los españoles según la última encuesta de la OCU sobre la satisfacción laboral; ya que ayuda a conciliar la vida familiar y la vida laboral.

Jornada Intensiva

Pero también existe el lado negativo de la jornada intensiva, y es que esa jornada intensiva se convierta en extensiva. Es decir, que se cumpla el horario de entrada adelantado de la jornada intensiva, pero que por el contrario no se cumpla el horario adelantado de salida; lo que nos hace encontrarnos con jornadas laborales interminables, hasta de 12 horas.

Esta actitud provoca en los trabajadores el efecto contrario al que se busca a la hora de instaurar la jornada intensiva, es decir, un sentimiento negativo hacia la empresa, un cansancio mental superior, y si esta jornada extensiva se repite muy a menudo en el tiempo, la posibilidad de perder activos en la empresa, ya que será un factor que motivará su búsqueda de otro empleo.

Por lo tanto, si el volumen de negocio de la empresa no baja en las épocas de jornada intensiva, mejor será plantearse instaurar o no esta jornada, ya que instaurarla para no cumplirla de manera sistemática puede producir, como hemos comentado, efectos muy negativos en los trabajadores de tu empresa. Lo mejor será plantearse cambiar el periodo de la jornada intensiva a otros periodos del año con menor actividad, o incluso ofrecer a los trabajadores la posibilidad de elegir si acogerse a la jornada intensiva o no.

En los últimos tiempos se está corriendo el rumor de la posibilidad de instaurar la jornada intensiva durante todo el año, lo que mejoraría la conciliación familiar, pero en este sentido entran muchos factores económicos, sociales e institucionales en juego, lo que hace que a día de hoy la viabilidad de este modelo durante todo el año sea discutible.

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Julio Simal

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